30 de enero de 2007

Los Topos

"Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, pero su tren vendió boleto de ida y vuelta" decía Serrat en su canción. Los camiones no son pequeñas cosas pero muchos también, como aquellas, nos acechan detras de una puerta, en un garaje o un cobertizo donde, tras decadas de olvido, reposo o indiferencia, esperan como hibernados a que la enfermedad que los llevo a quedar congelados en el tiempo tenga cura.
Y el tiempo es la propia cura. Ese tiempo que corre frenético cambiandolo todo y que cuando nos paramos un momento a recapacitar y mirar a nuestro alrededor vemos que se ha llevado tantas y tantas cosas.
Los echamos en falta, son como de la familia y pertenecen a nuestra identidad colectiva. Los necesitamos. Queremos verlos y verlos bien, como en su mejor momento. La afición por nuestros clásicos pesados suma adeptos y con ellos se suman ojos a la busqueda de lo perdido. Y lo perdido resulta que en gran medida aun sigue ahí y poco a poco va saliendo de su escondite, como este Pegaso Mofletes que ha aparecido en Zaragoza y que busca un dueño que lo mime y ponga en forma.
Mofletes, pero tambien Barajas, Cabezones... Ya existe esa medicina que cura del robín del olvido y que no es más que la puesta en marcha del aprecio por lo nuestro.

7 comentarios:

Gonzalo dijo...

Una muy bonita reseña Juanra.

Anónimo dijo...

Si el Barajas está muy bien el Mofletes es una auténtica joya. Esos dos camiones deberían ir directamente a un museo público (donde no estaría mal que les acompañase el Mofletes bombero de Avilés, por cierto). No me extrañaría que el Mofletes acabara en una colección privada extranjera. Gracias, Juanra, por compartir estas imágenes.

XMN2 dijo...

Felicidades Juanra por la reseña. Simplemente brillante.

Saludos

Juanra dijo...

Gracias a vosotros que visitais el blog y haceis que siga teniendo gasolina, y en especial a Gonzalo que a posibilitado las fotos.

Anónimo dijo...

Buenas tardes a todos:

El Mofletes está a escasos 100 metros de mi casa (en línea recta) y para mi fue una gran sorpresa la primera vez que lo vi, allá por 1991 o 1992.
Sin dudarlo dos veces, entré y hablé largo y tendido con D. Francisco, mientras el arreglaba una antigua herramienta, una más de su gran colección, a la que dedicaba el tiempo libre.
Volví a visitarlo en varias ocasiones, en las que me fue relatando la vida del camión. A mi me dijo que al romperse el motor original (en ningún momento me habló de "gasolina"...), le habían puesto uno de Pegaso Comet.
Y que al jubilarse, allí se quedo como recuerdo, aunque los años lo habían ido llenando de trastos por encima y a su lado.
Pasados los años, aquella persiana que daba acceso al local, ya no se levantaba. Temí lo peor, como acabo de leer.
El Mofletes y la memoria de D. Francisco, merecen nuestros respetos. El camión merece una segunda jubilación, pero preferiblemente en un lugar que todos pudiéramos disfrutarlo y a salvo de especuladores.
Un saludo,

Miguel Pascual Laborda

Juanra dijo...

Hola Miguel, ojala se cumplan tus deseos.

Anónimo dijo...

¿Qué fue del Barajas que aparece en este post? ¿Lo vendieron también? ¿Sabe alguien algo?